La gente es muy creyente: ¡me bautizaron!

Capítulo 13 • 11 de Noviembre, 2005 • Queridos amigos y paisanos, he podido comprobar que como en Argentina aquí la gente también es muy creyente. Les mando fotos de algunas iglesias del lugar, muy lindas todas ellas.


Hongos se dice setas

Capítulo 12 • 02 de Noviembre, 2005 • En este paraíso de la gastronomía no terminás nunca de hacer descubrimientos extraños. El ultimo se llama hongo. No es el que crece en Argentina, o por lo menos espero que no sea el mismo, sino el que crece en la pradera de Heidi.


Futurología era la de antes

Capítulo 11 • 26 de Octubre, 2005 • Mi televisor parece estar poseído por extraños canales muy poco oficiales que a partir de las doce se dedican a satisfacer las obsesiones más primitivas. Vendedores de cuchillos que nunca se desafilan, clarividentes que jamás acertaron la combinación de la bonolotoy señoras centroamericanas diciendo cosas de amor.


Formas de expresar afecto

Capítulo 10 • 19 de Octubre, 2005 • Al principio, cuando llegué a este país, me llamó la atención que los amigos hombres, los de toda la vida, no se besaran para saludarse. Bueno, por lo menos no lo hacen con un porcentaje normal de alcohol en la sangre. Y quise ser como ellos, entonces aprendí a decir buenos días en euskera, que es “egunon”; pero fue al pedo.


Maritxy y su Tokio-Eibar-roll

Capítulo 9 • 11 de Octubre, 2005 • No sé si ocurrirá en todas las familias, pero es costumbre que donde hay un suegro como Txomin —quiero decir: troglodita— haya una suegra que es más buena que la avena Quáker. La luz y la sombra; el yin y el yan; Boca y River. Debe ser así para que el Universo se mantenga en equilibrio.


Cojones

Capítulo 8 • 05 de Octubre, 2005 • El otro día Arrate me llevó a las fiestas de Bergara y estuve viendo deportes típicos. Cortar troncos con un hacha, levantar fardos de paja, juntar mazorcas... O sea, lo que allá hacen los pobres para comer y por cuatro mangos, acá lo hacen por diversión. Lo que sí es cierto es que esta gente tiene una forma muy curiosa de levantar pesas.


Mi suegra y el dulce de leche

Capítulo 7 • 28 de Septiembre, 2005 • Mis queridísimos amigos, hoy estoy medio raro. Los extraño muchísimo y tengo ganas de verlos ya. Aunque acá me estoy armando mi propia Argentina entre unos y otros. Imagínense... Si hasta encontré dulce de leche en una pastelería.


Lo que corre y vuela... se come

Capítulo 6 • 20 de Septiembre, 2005 • Yo pensé siempre que nosotros, los argentinos, éramos gente de comer a lo bestia. Pero la verdad es que al lado de los vascos somos etíopes. O vegetarianos, que es peor. ¡Es increíble lo que comen! No en cantidad de kilos (que también) sinó en cantidad de cosas.


En el borde del camino hay una silla

Capítulo 5 • 14 de Septiembre, 2005 • De repente, me da la impresión de que estoy en la dimensión desconocida. Pero en la prehistoria de la dimensión desconocida. ¿Se acuerdan que les conté que empecé a trabajar en una fábrica de muebles?


¡Ya tengo trabajo! ¿Y casa...?

Capítulo 4 • 06 de Septiembre, 2005 • Estoy de suerte: llevo una semana acá en Eibar y ya me ofrecieron laburo. Atenti... ¡Me voy a dedicar al mundo del mueble rústico! Ahí al costado les pongo la foto de mi jefe, en su oficina. Se llama Manu.


Hija única: suegro multiplicado

Capítulo 3 • 03 de Septiembre, 2005 • Hay amigos jóvenes, más jóvenes que yo, leyendo este weblog. Toro, Rabino, ElTeta... Juventudes en la flor de la vida. Sangre argentina en edad de merecer. Quiero que presten atención a este consejo, muchachos: nunca jamás, en la puta vida, se enamoren de una hija única.


Grandes cambios

Capítulo 2 • 30 de Agosto, 2005 • Bueno, por fin llegué a… este sitio. Aún no sé cómo llamarlo, unos le dicen Euskadi, otros Euskal Herria, Vascongadas, País vasco y todos quieren que lo llame a su manera. Y esto es Eibar, el pueblito lindo y pintoresco donde fui a parar… Les aseguro que los alrededores son más lindos.


Un plan estúpido

Capítulo 1 • 27 de Agosto, 2005 • ¿Ven este edificio? Olvídense. Borren de sus agendas mi antigua dirección en el College. Olvídense del teléfono a donde a veces me llamaban. Olvídense de Londres, de mi carrera, del hijo (o amigo, o hermano) sensato que alguna vez conocieron. Olvídense de todo.